Lo tangible y lo intangible

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Carta de Un niño Mexicano

 

Querido Papa Francisco:


Pon la luz del Señor en tu mirada cuando vayas por los caminos de ésta patria, porque seguramente ella traerá la paz a mi querido México; y aunque veas que su suelo ha sido mancillado por los malos que han derramado tanta sangre, dale tu bendición para que los deudos puedan encontrar consuelo y mira sus ojos, porque por primera vez, serán de dicha y de sosiego al mirarte.


Me duele que vengas a conocer mi país, cuando se ha convertido en un campo de batalla; dice mi madre cuando ella fue niña, pudo disfrutar sus campos y correr tras las hojas impulsadas por el viento, sin temor a recibir una bala o que alguien me levantara a mí  porque ella no cumplió con una cuota.


Te pido respetuosamente que reses por el mundo, porque cada vez quedan menos lugares para poder escapar de la violencia; por lo que el futuro se nubla con el humo de las balas y los que todavía nos falta crecer, ya no tenemos un camino que seguir para mirar sonrientes. Es cierto que creo en la misericordia de dios, igual que tú, pero a mí me falta llegar tan cerquita, como estás tú de tu sagrado padre; así es que me dirijo a ti, para que tú le pidas que “No nos desampare”.


Son tantos los muertos, desaparecidos y olvidados, que éste pueblo tiene “millones de corazones rotos”, más los que estamos aquí, honrando su memoria, tenemos que seguir, luchar y gritar para que no se olvide su tragedia; somos la raza valiente que después de ser conquistada, en vez de rendirse, se unió a tu fe y sigue aquí presente; México sigue vivo y quiere volver a ser “esa paloma de la paz”, que conoció el que te antecedió para traernos la palabra del señor.


Te amo, como tú me amas a mí, querido hermano Francisco, representante y digno hijo de Dios Padre.



                                          

                                                   Dedicado a mi sobrino Javier. Yolanda Alarcón Vilchis.